Un rebaño en crecimiento, apacentado con mansedumbre

Ciertas personas crecen junto con sus funciones y tareas. Y a veces, las tareas crecen por acción de una persona. Una de ellas era el Apóstol de Distrito Hermann Dietrich Magney. Hoy se cumplirían 140 años de su nacimiento.

El sueño lo tuvo la hija del que luego fuera el Apóstol Heinrich Bornemann. En sueños, ella vio a su padre plantar un árbol que tras crecer a gran velocidad, de inmediato dio abundantes frutos. Sobrevolaban aquel árbol un águila y un ángel, y a sus pies descansaba un león. Heinrich Bornemann interpretó el sueño del siguiente modo: “Entonces es voluntad de Dios que (la ciudad de) Dortmund sea sede de un Apóstol”. Pasarían casi tres décadas hasta que estas palabras se hicieran realidad.

Respuesta al llamado

Ese mismo año, un hombre joven fue ordenado subdiácono: Hermann Dietrich Magney. Había nacido el 14 de marzo de 1875 en la ciudad de Iserlohn (Westfalia, Alemania), como el segundo de cinco hermanos. A los 14 años conoció la Iglesia Nueva Apostólica y dos años después fue sellado por el Apóstol Friedrich Menkhoff.

En 1898, el Apóstol Hermann Niehaus ordenó como Pastor a aquel comprometido portador de ministerio. A él dio el encargo de mudarse a Dortmund y hacerse cargo del cuidado del puñado de hermanos y hermanas en la fe que vivían en el lugar. Hermann Dietrich Magney siguió aquel llamado y construyó en Dortmund su modo de sustento, ya que abrió un almacén de suelas “de arreglos al instante”; se casó y fue padre de siete hijos.

Crecer junto con la comunidad

Bajo su obrar, la comunidad de Dortmund tuvo un veloz crecimiento. Ya en 1905 debió crearse un distrito de Anciano propio para el área. Este quedó a cargo del Anciano de Distrito que acababa de ser ordenado: Hermann Dietrich Magney.

También esta tarea creció con sus acciones. En 1923, el número de comunidades, de hermanos y de hermanas había crecido tanto que la región de Dortmund recibió un Apóstol propio. Este fue el que hasta entonces había sido Anciano de Distrito. Cuando en 1930, el Apóstol Mayor Niehaus pasó a descanso, entregó el área de Bielefeld completa a un nuevo Apóstol de Distrito, al hasta entonces Apóstol Magney.

“Apacentad las ovejas de Cristo con la vara de la ‘mansedumbre’” era la consigna a la que siempre se atenía el Apóstol de Distrito Magney en su tarea. “Apoyaos los unos a los otros en las manos de la oración” exhortaba a los hermanos y hermanas de la fe. “Apoyarse, apoyarse y apoyarse otra vez” era lo que pretendía de él mismo.

Entre el aquí y el más allá

El Apóstol de Distrito Magney perdió la vida entre los escombros de una iglesia. En la noche del 5 de mayo de 1943, en plena guerra, las bombas lanzadas por los aviones-caza destruyeron íntegramente la iglesia con la vivienda lindante. Ese día murieron seis personas. Con su último aliento todavía pensó en quienes le había sido confiados, ya que dijo: "Sacad a los demás de entre los escombros".

De este montón de escombros se sacó una fotografía que en su época conmovió profundamente al Apóstol Mayor Urwyler. “Todavía se puede divisar la parte del altar y el gran arco que unía ambas paredes laterales”, así las palabras del Apóstol Mayor casi exactamente 40 años después en Dortmund, con las que describió esta imagen: era el arco del amor divino que se tensa desde el aquí y ahora al más allá. Y debajo de este arco, en la tierra, “se levanta el altar”.

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Andreas Rother, Alfred Krempf
14.03.2015