Asia, Filipinas: Nos debemos entender como equipo, no como oponentes

Hace 20 años muchas veces se me preguntaba: "¿Cómo te sientes, 'tan sola entre los hombres'?". Era la época en que yo era estudiante de primer año en la universidad en la carrera de Electrónica y Técnica de comunicación. En la clase había 40 hombres y solamente 5 mujeres. Las carreras de Ingeniería son muy concurridas por los hombres, pero también yo logré recibirme.

En comparación con los países asiáticos vecinos, las mujeres filipinas gozan de cierta independencia y tienen más oportunidades para desarrollarse. Esto se puede ver en nuestra rica historia. Somos una de las naciones en las que a las mujeres se les permite votar y acceder a la educación. En el ámbito cultural asiático, las familias tienen una estructura patriarcal. Esto está profundamente arraigado en nuestro sistema. Las mujeres por naturaleza están previstas para tener hijos y ocuparse del bienestar de la familia, mientras que los hombres , el padre, ocupan el rol de proveedores. Sería contraproductivo competir entre nosotros. Nos debemos entender como equipo y no como oponentes o competidores. Todos hemos sido creados conforme a nuestro propósito. Hay ciertas cosas que sólo puede hacer un hombre, así como ciertas cosas que sólo las mujeres pueden hacer. En los aspectos espiritual, emocional y físico hemos sido creados en consecuencia. Tenemos que coexistir y convivir, siendo la clave para ello generar un ámbito, una oportunidad para la coexistencia.

Alimentos, seguridad, salud –ante todo salud reproductiva e higiene sexual–, educación y participación económica son los fundamentos que forman parte de los derechos de cada ser humano, sea hombre o mujer. Aunque somos conscientes de ello, esto no se lleva a la práctica en todas las capas de la sociedad. Sin los suficientes alimentos peligra la seguridad. Cuando peligra la seguridad, se ve afectada la salud y la educación. Si no están satisfechas estas necesidades básicas y no hay un espacio de coexistencia, la sociedad cae en un desequilibrio. Esto se siente sobre todo en la base de la sociedad y no tiene nada que ver con la igualdad de género. Son problemas que nos afectan a todos. Las mujeres y niños que no tienen suficiente para comer, las mujeres que mueren al dar a luz a causa de una asistencia sanitaria insuficiente, las mujeres que no saben leer ni escribir su propio nombre, las mujeres que a pesar de haber tenido una educación, ganan mucho menos que sus colegas varones, todas estas mujeres son, al fin y al cabo, parte de la familia y de la sociedad. En todo el mundo, las mujeres y los niños son vistos como la parte más débil de la sociedad, pero no debería ser así.

Volviendo a mi propia experiencia: yo me considero afortunada de haber terminado mis estudios en una carrera dominada por los hombres. He tenido la oportunidad y la aproveché. A pesar de los problemas culturales y las expectativas logré pasarlo con éxito. Naturalmente, no siempre fue fácil, pero la vida no siempre es fácil. La pregunta de cómo me sentía en un ámbito dominado por los hombres, la considero en sí como discriminatoria. Si debemos vivir en coexistencia, tomemos todos la oportunidad para hacerlo. Pongamos nuestra mejor parte, no porque somos mujeres, sino porque es lo correcto. Si no hay oportunidades, busquemos alguna que también sea provechosa para otros. Para este próximo Día Internacional de la Mujer seamos conscientes de que somos responsables de nuestra propia vida, de la familia y de la sociedad. Aprovechemos cada oportunidad para aprender y seguir desarrollándonos.


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7.03.2016