Derecho y justicia... ¿es lo mismo?

¿Quién tiene razón? Una pregunta que se escucha a menudo. ¿A quién le han dado la razón? Eso es más difícil de responder. Tener la razón y que a uno le den la razón no es lo mismo. De todos modos, ¿qué es la justicia? ¿Dónde comienza y dónde termina? Un llamado.

Volvamos atrás: Lo que ocurrió en Europa hace unos 80 años fue inhumano. Diferentes naciones, ideologías, culturas se enfrentaban entre sí. Las armas hablaban un lenguaje mortal. La Segunda Guerra Mundial tuvo muchas víctimas y autores. Millones de soldados murieron, el régimen nazi alemán asesinó a millones de judíos. Fueron años de exterminio, expulsión y absoluta inhumanidad. Más adelante, uno se pregunta cómo es que las personas pueden causar tanto sufrimiento a los demás.

Hace 75 años los procesos jurisdiccionales de las llamadas potencias vencedoras llegó al podio. Desde el 20 de noviembre de 1945 hasta el 1º de octubre de 1946, los principales representantes del régimen nacionalsocialista fueron juzgados por un tribunal internacional en la sala 600 del juzgado de Núremberg. 24 dirigentes nazis de alto rango se presentaron ante un tribunal militar formado por representantes de las cuatro potencias aliadas: EE. UU., Unión Soviética, Gran Bretaña y Francia. Este “Juicio Principal por crímenes de guerra” imputó doce sentencias de muerte, tres cadenas perpetuas, cuatro largas condenas de prisión y tres absoluciones. A continuación, se celebrarían doce juicios penales más de naturaleza similar ante los tribunales militares estadounidenses. Un total de 185 acusados se sentaron en el banquillo. Las últimas sentencias fueron pronunciadas el 14 de abril de 1949.

¿Qué es la ley?

¿Es la pena de muerte un medio adecuado para castigar a los asesinos? ¿Le da una reparación a la víctima? Tales preguntas muestran que la justicia humana siempre es temporal e imperfecta. Tan imperfecta como el hombre mismo. Dado que el error es parte de la existencia humana, no se puede esperar un juicio perfecto y absolutamente justo.

Las sociedades democráticas agradecen que se castiguen los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad, que haya tribunales internacionales, jueces valientes, fiscales, abogados que defiendan la ley.

¿Qué es justo?

La cuestión de la justicia sigue siendo difícil de responder hoy en día. No habrá una respuesta inequívoca, excepto quizás una: Solo hay una justicia justa y esta viene de Dios. Los cristianos lo saben. Casi ningún otro libro de las Sagradas Escrituras habla más a menudo y más claramente que la epístola a los Romanos sobre la diferencia entre la justicia humana y la divina. Las personas lo deben tener siempre presente si quieren crear sistemas justos de dictámenes, leyes y reglas, que siguen siendo imperfectos.

¿Qué dice Dios al respecto?

Y así el Catecismo nuevoapostólico, acorde a la doctrina cristiana, lleva la cuestión del derecho y la justicia a un nivel más alto, a un nivel divino: Dios da gracia en lugar de castigo, Dios es misericordioso en lugar de resentido, da perdón y reconciliación en lugar de amonestación. Dios se deja crucificar, despreciar, condenar y así nos da un ejemplo: “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:21-24).

Dios es justo

Pero Dios también juzga, pero de acuerdo a principios diferentes. Incluso el hombre pecador puede presentarse ante Dios, porque Dios no mira solo el hecho, sino el corazón del autor. Aunque nosotros los seres humanos tengamos los mayores problemas para entenderlo: Dios es justo... con todos. Juzga como Él considera correcto. No necesita ni al acusador ni al abogado. Es ambas cosas en una: “Siempre que los hombres infringen la voluntad de Dios, pecan y cargan con la culpa ante Dios. Hay culpa cuando Dios, en su justicia y omnisciencia, le imputa al hombre, que ha cometido un pecado, su conducta equivocada. La gravedad de la culpa solo la mide Dios” (Catecismo INA 4.3.2.). Y: “La culpa resultante de un pecado en particular, en algunos casos puede ser nula, sin embargo, en otros puede ser tal que ‘clame a Dios’ (Génesis 4:10)”.

Y las leyes humanas, ¿no son válidas? Sí, siempre y cuando se basen en afirmaciones divinas. El Catecismo nuevoapostólico desarrolla claras directrices también para esto: “La Iglesia espera que sus miembros cumplan las leyes y deberes cívicos de su país, siempre que sean acordes con los mandamientos divinos” (Catecismo INA 13.5.1). Aunque el cristiano está en principio sujeto a las autoridades estatales, “estas, no obstante, están subordinadas a las leyes divinas”, continúa diciendo. Entre las leyes terrenales y las divinas puede haber puntos de conflicto. “En tales casos, es responsabilidad de cada uno decidir individualmente si, en base a su convicción de fe, se debería oponer a una norma establecida que transgreda las leyes divinas”.

Para la reflexión

Y aquí se cierra el círculo de los juicios de Nuremberg y de todos los dirigentes, funcionarios y colaboradores que han incurrido en una culpa similar: Mirando hacia atrás a este vergonzoso período de la historia del mundo y mirando hacia el futuro, es una obligación humana enfrentarse a la justicia divina, enfrentarse con valentía a la propia imperfección y someterse a la gracia del Señor por propia voluntad ¡preferentemente antes de consentir en pecar!



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Peter Johanning
19.11.2020