En foco 05/2019: La riqueza necesita inversiones

El que confía en Dios, gustosamente le hace aportes previos, siempre en la certeza de que no será defraudado. El Apóstol de Distrito Rüdiger Krause (Alemania del Norte y del Este) escribe sobre la consigna del año.

Para ser ricos en Cristo, debemos inclinarnos bajo la voluntad de Dios. Este pensamiento también comprende, por la confianza que tenemos en Dios, hacer algunas veces determinados aportes previos para que se pueda reconocer la riqueza que se tiene.

Los ejemplos que el Apóstol Mayor mencionó en sus pensamientos sobre el lema del año brindan más explicaciones:

  • El Apóstol Pedro, el experimentado pescador, estuvo dispuesto, siguiendo el consejo del Señor Jesús, a volver a salir con su barca y tirar nuevamente las redes. Estuvo dispuesto a dejar atrás sus experiencias personales y respetar la palabra del Señor Jesús (Lucas 5:5).
  • También la pobre viuda, a la que le quedaba poco aceite, experimentó la ayuda de Dios a causa de su fe. Eliseo le pidió que juntase sus propias vasijas y las de la vecindad y que silenciosamente las llenase de aceite. A pesar de que le quedaba muy poco, al final todas las vasijas estuvieron llenas. Pudo vender el aceite y pagar sus deudas. También aquí se necesitó un considerable aporte previo de fe, que esta mujer estuvo dispuesta a dar (1 Reyes 4:1-6).
  • Los siervos a los que su señor les confió los talentos de plata, reaccionaron en forma diferente. La mayoría negoció con lo confiado, pero uno no lo hizo. Conocemos las demás implicaciones (Mateo 25:14-29).
  • El joven rico, al que por cierto le fue pedido mucho, al final no estuvo dispuesto a realizar un aporte previo para poder dedicarse a seguir a Jesús (Mateo 19:16-22).

Las inversiones o, mejor dicho, los aportes previos nos son conocidos de la vida material. Ahora me refiero en particular a la vida profesional. No pocos de nosotros deben hacer inversiones con la esperanza de obtener ganancias. Seguramente aquí la experiencia cumple un papel importante. No quiero negar aquí que también en este ámbito ha habido inversiones equivocadas y aún las habrá.

En los casos que acaban de ser explicados, el gran Dios exige en su mayor parte a través de sus siervos a obedecerle primero a Él, a cumplir su voluntad y, finalmente, a examinarlo si no es capaz de bendecirnos.

La riqueza en Cristo no significa para los portadores de ministerio solamente colocarse en humildad bajo la voluntad de Dios. Para eso debemos aportar nuestra voluntad. El elemento decisivo aquí es el amor que tenemos en nuestro corazón para Dios y Jesucristo, el Novio de nuestra alma. El que invierte por amor, por lo general no obtendrá una ganancia material. Sin embargo, es importante por amor a Dios, a Jesucristo y a nuestros hermanos y nuestros contemporáneos, aportar nuestros dones en la Obra de Dios. La bendición entonces se mostrará de múltiples maneras: para el involucrado, para la Obra de Dios y no pocas veces, también para nosotros mismos y nuestra familia.



Foto: Oliver Rütten

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Rüdiger Krause
8.04.2019
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