En foco 14/2019: Pobreza – riqueza

¿Puede ser rico un creyente? Ya hace siglos que los exégetas pelean por esto. El Apóstol de Distrito Raúl Montes de Oca (Brasil) toma este pensamiento en la serie "En foco – Pensamientos sobre la consigna del año".

En Uruguay, donde vivo, hace unos años gobernó un presidente que llegó a ser llamado "el más pobre del mundo". Sin necesidad de analizar la corriente ideológica a la que pertenecía, ni entrar a evaluar su desempeño como gobernante, lo cierto es que vivía frugalmente y lejos de toda ostentación.

El desprecio a los bienes materiales, cuyo apego se asimila a la idolatría, aparece varias veces en los Evangelios y en las palabras y actos del propio Jesucristo. Los términos pobreza y riqueza siempre han resultado temas controvertidos desde los principios del cristianismo.

Mientras existen exégetas que argumentan que las riquezas, incluyendo las materiales, son contrarias a la doctrina cristiana, otros incluso las ven como un obstáculo en el camino para el pleno desarrollo espiritual del cristiano. La dificultad de que un "camello pase por el ojo de una aguja" se equipara a la de que "un rico entre en el reino de los cielos".

Lo cierto es que ni la pobreza ni la riqueza materiales nos acercan o nos alejan más de Dios. Si bien el Señor en muchos pasajes de su actividad cuestionó a la riqueza, sabemos que, en realidad, se estaba refiriendo meramente a sentimientos humanos. Son las riquezas que separan al ser humano de Dios, las que preocupaban al Señor.

Quien es "rico en Cristo" puede distinguir y apreciar las verdaderas riquezas que lo llevarán a la eterna comunión con Dios.

  • Acepta la amonestación para comprar "oro refinado en fuego" y ser hecho rico (de Apocalipsis 3:18). Lo encuentra en la palabra inspirada por el Espíritu Santo.
  • Se siente rico por haber recibido las promesas divinas: "... para hacer notorias las riquezas de su gloria" (de Romanos 9:23). Tiene la certeza: Dios cumple lo que promete.
  • Valoriza la riqueza contenida en la gracia: "… el perdón de pecados según las riquezas de su gracia" (de Efesios 1:7). Lo experimenta durante la participación en la Santa Cena.
  • Aun en los momentos oscuros y en los difíciles e incomprensibles caminos por los que debe transitar, quien es rico en Cristo puede apreciar la riqueza divina, aunque quede inaccesible para el intelecto humano. "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!

¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! " (Romanos 11:33).

Aguardamos ansiosamente el momento en que lo oculto salga a la luz y lo inaccesible deje de serlo. Será la hora de contemplar y disfrutar sin obstáculos las riquezas contenidas en las promesas divinas.

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Raúl Montes de Oca
19.08.2019
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