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Qué tiene que ver dar con el amor

agosto 27, 2026

Autor: Nina Wilkenloh

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¿Ofrendar significa renunciar? No necesariamente. Porque esta palabra, en realidad, cuenta una historia muy diferente: de cercanía, de dedicación y de atención —cómo los niños pueden descubrirlo.

Ofrendar tiene una reputación bastante mala: renunciar a algo que es importante para mí. Entregar algo que, en realidad, me gustaría conservar. La caja de ofrendas en el lugar donde se realiza el Servicio Divino me recuerda constantemente que debo traer una ofrenda. Incluso tiene el poder de hacerme sentir culpable. También los relatos bíblicos, como el casi sacrificio de Isaac por parte de Abraham o los sacrificios de animales del antiguo pacto, refuerzan este carácter supuestamente radical de la ofrenda, que exige de nosotros algo sobrehumano.

En el sentido literal de la palabra, “educar” significa guiar a los niños y jóvenes hacia un comportamiento deseado. Pueden ser valores y normas socialmente reconocidas como el respeto, la amabilidad y la gratitud. Los padres se alegran cuando su hijo muestra el comportamiento que le han enseñado. En la educación cristiana, ofrendar también es un comportamiento que queremos enseñar a los niños y jóvenes.

Hablar con los niños sobre la ofrenda

Expliquemos a nuestros hijos que la ofrenda no es algo que nos quitan. En el idioma de la Biblia, el hebreo, “ofrendar” significa: acercarse, volverse hacia alguien, llevar algo. Volverse hacia alguien es un acto consciente, es una acción enfocada y bienintencionada hacia una persona o una cosa. Volverse hacia el prójimo no es algo que se haga de manera distraída o de paso. La ofrenda es concentrarse conscientemente en el prójimo.

Hablemos con nuestros hijos sobre cómo podemos hacer el bien a los demás, y hagámoslo junto con ellos. Esto puede hacerse con una sonrisa, dedicando tiempo o donando una cantidad de dinero, más allá de si tengo ganas o tiempo en ese momento, o de si la otra persona me cae bien o no. Ser cristiano no es cómodo. Porque Dios puede esperar de nosotros, los cristianos, que hagamos más de lo que sería necesario. No se trata de juzgar si alguien ofrenda más o menos; el otro puede ser para mí un ejemplo en su ofrenda, en su actitud hacia el prójimo.

El sacrificio de Jesús en la cruz no puede compararse con ningún otro sacrificio (véase Catecismo INA PyR 734). Saber esto nos evita considerar nuestra ofrenda como una tarea inalcanzable o un acto de autoflagelación. El sacrificio de Jesús es nuestro ejemplo en el amor al prójimo.

Fortalecemos a nuestros hijos en la convicción de que Dios nos ha creado buenos: somos capaces de ofrendar porque Dios nos ha bendecido. Esto significa que Él nos ha creado como sus criaturas y que también llevamos el amor de Dios en nuestro interior. Debido a que tenemos este amor en nosotros y amamos a Dios, queremos traer nuestras ofrendas.

Foto: frimufilms – stock.adobe.com


Sobre la autora

Nina Wilkenloh es profesora de alemán e historia en una escuela integral. Es miembro del grupo de trabajo “Historia de la Iglesia” de la Iglesia Nueva Apostólica Internacional.

agosto 27, 2026

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